Muchos de los vinos, quesos o conservas que vendemos, nos las chiva alguna persona del equipo Coalla y, rebosante de ilusión, convence a los demás para reunirse de inmediato y comenzar un baile de “abre y prueba” que, como en esta ocasión, suele terminar rápido, con la rotunda unanimidad del personal allí presente. En esa dura labor estábamos cuando probamos las sardinas con mantequilla Bordier de La Quiberonnaise sin tener ni pajolera idea de lo que teníamos entre manos.

Abrimos la lata y nos abalanzamos tenedor en mano a probar, mirándonos convencidos de que aquello era una maravilla suprema, sin reparar en que llevan un proceso previo a la degustación tan sencillo como necesario. No se preocupen, que se lo explicaremos** para que no caigan en el agradable “error”. Después de esta experiencia, nos pusimos manos a la obra para hacernos además con sus sardinas “vintage”, sus ostras ahumadas y su caldo de pescado.

Las instalaciones de La Quiberonnaise se ubican en el puerto pesquero de la península de Quiberon, en la Bretaña francesa y, desde hace casi un siglo, enlatan con pasión y de manera artesanal el pescado más fresco que consiguen. La calidad de sus conservas es reconocida por los chefs más refinados.

**Coloquen esta lata de Sardinas con Mantequilla Bordier de La Quiberonnaise bajo un chorro de agua caliente para atemperar, abran la lata y, con toda su mantequilla, viertan en una sartén caliente. Para chuparse los dedos, li-te-ral.

Entre 8 y 12 ostras procedentes de EEUU y Canadá, suculentas piezas con un ahumado delicado que proporciona el toque necesario para que el sabor se realce. Una conserva polivalente que podemos consumir así, de la misma lata, o bien montando un canapé de lujo sobre una tostadita de pan, una fina capa de mantequilla y coronadas con una hoja de cebollino fresco.

Las sardinas “vintage” en aceite de La Quiberonnaise son la receta más tradicional de la casa. Proceden del sur de Francia, y podemos decir con sinceridad que se han convertido en una de nuestras sardinas en conserva favoritas, además de por su cuerpo exuberante y suave, por su textura y sabor.

De tres a cinco hermosas sardinas untadas con mantequilla Bordier. Coloquen esta lata de La Quiberonnaise bajo un chorro de agua caliente para atemperar, abran la lata y, con toda su mantequilla, viertan en una sartén caliente. Para chuparse los dedos, li-te-ral.

A la sopa de pescado de La Quiberonnaise sólo le hace falta un golpe de calor y unos panecillos fritos. Para esos días que no apetece nada cocinar y sin embargo mataríamos por una cena reconfortante. Imprescindible calentar en un cazo y reservar lo que sobre en la nevera.

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